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Crónica de la sala Blitz, Munich

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*Artículo original publicado en The Beatcom

Munich es una de las ciudades más caras de Alemania, pero también una de las ciudades más limpias, tranquilas y seguras que haya visitado. Es como estar en un pueblo grande: poco tráfico y con el turismo justo y necesario. Todas mis expectativas en cuanto a la ciudad estuvieron totalmente satisfechas, más aún sobre Blitz, que fueron superadas  y con creces.

Plano del metro de Munich

Para poder llegar a la sala desde el centro de Munich hay varias opciones, una de ellas es en metro, pero cualquiera de ellas es fácil, solo hay que tener como referencia los Deutsches Museum. Desde la estación central de MunichHauptbahnhof Central Station, cogéis la línea U2 ( acordaros de Bono, aunque no os guste) y  con dirección Messestadt Ost os bajáis en Fraunhoferstraße. 

Una vez estáis fuera del metro ( U-Bahn), y os situais en uno de los barrios más cool de Munich , Glockenback  solo tenéis que caminar unos 10 minutos por el paseo del río Isar hasta que te encuentres con una  mole gigante de piedra, que hace a su vez de  de telón teatral del río. Una vez ahí situados, hay que seguir caminando otros 5 minutos hacia el lateral izquierdo y justo en el extremo, se encuentra la entrada principal de Blitz.  No esperéis grandes letreros que anuncien la sala, a simple vista no sabes cuando termina el museo y cuando empieza  Blitz.

Sobre todo si llegas como yo dos horas antes de la apertura de puertas, esto es a las 23h. El motivo: una cena previa a la fiesta en el restaurante  Blitz Restaurant, de cocina vegetariana/mexicana en donde todo estaba delicioso, la comida, el vino y ¡la cerveza! , no iba a ser menos en la ciudad dónde se celebra cada año desde 1810 el Oktoberfest.

Bote de Blitz Hot Dancing Chili

Lo mejor de todo o por lo menos la mayor sorpresa me la  llevé cuando tuve que ir al lavabo, ya que éste se encuentra dentro del club. Os podéis imaginar el momento en el que pregunto por los lavabos, me indican una puerta, traspaso esa puerta, me encuentro otra puerta y…¡me veo dentro del club!, y éste aún cerrado. Al no creerlo vuelvo a salir con <cara de me he colado>y pregunto otra vez. Cuando me lo confirman, vuelvo otra vez a traspasar esas puertas,  y es entonces cuando -aún oliendo todo a nuevo- veo el club con luz baja, vacío y…¡casi todo el club está hecho de madera!.Alucinante.

El club : os aconsejaría ir pronto, porque se forma alguna que otra cola, también supongo que dependerá de la noche.El acceso son 15 €, un precio bastante acorde a la calidad del club y de los artistas del carte. Por lo tanto una relación calidad precio perfecta. El horario es de 23h a 6h, pero en unos meses tendrán el permiso de poder alargar el horario hasta las 10h, nada mal, tiempo de sobra para quemar la cena, y la comida y desayuno del día anterior. Pero lo mejor de todo, es el diseño de la arquitectura del local. Todo está pensado por y para el sonido. Para poder entender lo que sentí, he tenido que volver a preguntar cómo era posible aquello. En Blitz todo tiene un por qué, nada está hecho de manera aleatoria.Por ejemplo el uso de la  madera, además de darle un toque estético muy <molón> , ayuda a reflejar el sonido de manera suave y natural. Y no solo esto,  en la pista principal, por encima hay unos tubos pequeños que se asemejan a gramófonos antiguosque abren y amplifican el sonido, algo así como que sube los graves y baja los agudos, dando como resultado que estés donde estés la calidad del sonido sea la misma. En palabras de Dario Zenker :

Super high frequency speakers. Like a sound shower,  called the blitz horn

Además,  en todo el club no hay paredes paralelas, lo que ayuda a que el sonido se reparta por todo el club de una manera fluída.

Para el diseño de la sala pequeña (Plus) se instaló un ordenador durante 24 horas que calculaba qué material era más idóneo utilizar, siempre pensando en el sonido, siendo elegido el carbono.

El artífice de todo esto es el arquitecto  Andreas Müller, que además también es conocido en su faceta de DJ,y que toma como referencia el mítico club neoyorquino Garage.

Así que con todo esto que os cuento solo tenéis dos opciones. La primera es agudizar bien vuestra imaginación debido a su política estricta de no photos e imaginar todo lo que os estoy contando. O bien, la segunda opción es escoger la fiesta que mejor os vaya y vivirlo todo in situ, restaurante incluído, si es que os gusta este tipo de comida. Si no, siempre habrán unas buenas Wurst  o cualquier otro plato de carnes diversas acompañadas de una jarra de cerveza para luego quemarlo en la pista de baile a golpe de techno made in Baviera.

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